Llegaron llenos de deseos de trabajar y en sus rostros se dibujaba una sonrisa cada vez que hablamos con ellos, a pesar de no hablar su idioma. Trabajaron en nuestros sueños como si fueran de ellos y se esforzaron al máximo por hacerlos realidad. El sol imprudente y caliente no demoraba la labor y al final fue vencido, cuando en forma imponente se cobijaba el templo, gracias al esfuerzo de este grupo de Carolina de Sur, EE.UU. y todos los grupos que han pasado por esta construcción, pero si de algo estamos seguros es que aún falta mucho por hacer.
Apuntes, notas, reflexiones, en fin un poco de todo lo que me llega a la cabeza, pero siempre desde la óptica cristiana. Bienvenido a este mi oasis virtual donde dejo a la posteridad un poco de mi.