Llegaron llenos de deseos de trabajar y en sus rostros se dibujaba una sonrisa cada vez que hablamos con ellos, a pesar de no hablar su idioma. Trabajaron en nuestros sueños como si fueran de ellos y se esforzaron al máximo por hacerlos realidad. El sol imprudente y caliente no demoraba la labor y al final fue vencido, cuando en forma imponente se cobijaba el templo, gracias al esfuerzo de este grupo de Carolina de Sur, EE.UU. y todos los grupos que han pasado por esta construcción, pero si de algo estamos seguros es que aún falta mucho por hacer.
Recientemente mi pasola (vehículo que uso para ahorrar gastos) que me ha sido pro- vista por el cielo para moverme aqui en la tierra tuvo un desperfecto mecánico. La lleve al taller porque el molestoso ruido que provocaba el problema ya me estaba cansando, luego de una hora y unos minutos de reparaciones y cambio de piezas a mano del medico pasolero, los cuales aproveché para recostarme en una sillita y tomar una siestecita, el mecánico comunica que mi carro de dos gomas y un asiento está listo para tomar las calles veganas. Subo a mi económica montura y la enciendo, pero antes de marcharme el mecánico me dice lo siguiente “Dele suave los primeros días y solo échele aceite bueno”. Me parecieron muy atinadas las recomendaciones del doctor pasolero y mientras iba manejando me quede cavilando en esas palabras, en realidad he estado pensándolas toda la semana. Confieso que analice escribir un artículo sobre eso, me imagine escribi- endo algo como lo siguiente.
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