Me subo en el carro concho de manera apresurada, el sol está que arde y el tiempo no es suficiente para hacer todo lo que he planeado. He sacado un momento de mi apretada agenda y he ido a Santiago a comprar algo de necesidad. Mientras atravieso la ciudad en el carro de la ruta ¨G¨ tengo que escuchar la voz chillona del chófer que no se detiene. Es un hombre de unos 40 y tantos años, muy alegre diría yo para la edad y el trabajo diario que realiza. De todo hace un chiste, todo le causa risa. Pareciera que el mundo con su ajetreo y rapidez a él no le afecta en lo mas mínimo.
Apuntes, notas, reflexiones, en fin un poco de todo lo que me llega a la cabeza, pero siempre desde la óptica cristiana. Bienvenido a este mi oasis virtual donde dejo a la posteridad un poco de mi.