En Lucas 15:1-7, Jesús nos presenta un maravilloso drama de amor en el que intervienen un pastor de ovejas y su rebaño, en esta historia Jesús destaca la labor perfecta del pastor, siempre haciendo lo correcto y necesario para alcanzar el bienestar de sus ovejas, las cuales no son tan perfectas, bueno algunas ni siquiera desean estar en el redil del pastor y se alejan en busca de otros pastos o tal vez de la compañía de otros pastores, la mala decisión las lleva a lugares peligrosos, donde pierden su libertad.
Estando allí solas, heridas, hambrientas; descubren que no existe un espacio más acogedor y seguro que el redil y que no existe alguien que se interese por ellas como el Buen Pastor. Pero ya no pueden volver el camino de regreso es largo y están tan lejos que no saben regresar, solo alguien puede atraerlas de regreso al redil, solo alguien puede caminar por los caminos de maldad y no contaminarse, solo el Buen Pastor puede ir tras la oveja perdida y hacerla retornar a casa. En mi mente puedo recrear la escena del reencuentro entre la oveja perdida y el Buen Pastor, sus ojos se llenan de alegría al encontrar a la oveja y sus manos se apresuran a brindar un abrazo de consuelo, en una actitud de misericordia la levanta y la pone a descansar sobre sus hombros.
Eso es amor, amor sin condición. Imitemos al Pastor de los pastores, sus ovejas no son perfectas, no son obedientes, algunas se desvían, se pierden. Pero él nunca las abandona, siempre está dispuesto a buscarlas en los lugares más inhóspitos y cuando las encuentra las toma en sus brazos y las sube en la seguridad de sus hombros. Para luego llevarlas a la tranquilidad del redil.
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