Es posible que como yo, hayas escuchado las típicas frases de “existen dos tipos de personas”. Siempre se hace uso de esta ilustración para desafiar al oyente a decidir como es, una de dos. No hay otra opción. Permítanme comentarles acerca de tres tipos de personas y por favor, al final te sugiero que decidas que tipo eres tú.
En primer lugar están los pasivos, estos nunca hacen nada. Para ellos todo está bien, se adaptan a las circunstancias, no promueven cambios, la iglesia tiene 10 miembros y ellos se enorgullecen diciendo “somos pocos, pero buenos. Dios no mira la cantidad, El mira la calidad”. Les encanta el estado de inopia. Ellos piensan que las cosas están así porque Dios así lo ha querido, si hay que cambiar algo que lo haga Dios.
Luego están los realizadores, estos tienen un sueño, una meta. Ellos buscan algo, se esfuerzan en conseguirlo, se enfocan en alcanzarlo. Cuando llegan a la iglesia inmediatamente les nace una idea, un nuevo proyecto y se lanzan en su realización. El problema es que realizado el proyecto y/o conquistado el trabajo por el que tanto lucharon entonces bajan el acelerador y se normalizan; este tipo de personas son las que viven diciendo, como deberían ser las cosas, ellos son expertos explicando nuevas e innovadoras formas de hacer algo, pero una vez que llegan al puesto entonces se convierten en uno más. No hay cambios, no más sueños o visiones. Se conforman con haber logrado algo y se estancan.
En último lugar los triunfadores. Personas insaciables, viven hambrientos de sueños, de proyectos. Siempre que hablas con ellos y preguntas en que están, te sorprenden por qué piensas que te hablaran de la propuesta que te mencionaron hace unos meses, pero no; te dicen que ya lo lograron y que ahora están enfocados en otro asunto. Conozco pastores y lideres que me emocionan al hablar con ellos, viven de sueño en sueño, pero no porque fracasen o porque sean inestables, es que una vez que se cumple un sueño, su hambre los lleva a montarse en otra ola y así se pasan el ministerio, de logro en logro y si llegan a fracasar en un alguna aventura. No pierden tiempo en lamentos, en periodos depresivos; ellos se levantan y se embarcan en la conquista de otro sueño.
La iglesia está llena de pasivos, gente quejosa que su mayor aporte es su presencia. Muchos son realizadores, conformistas empedernidos orgullosos de un pasado distante. Unos pocos son triunfadores, seres hambrientos y dispuestos a lo que sea por expandir el Reino. 1 de 3, ¿Cual eres tú?
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