Por mis muchas ocupaciones con frecuencia me toca comer fuera de casa. Hoy entre a un comedor familiar en la ciudad a la hora dónde prácticamente no queda mucha comida, pedí un servicio para comer, me la sirvieron y me senté a comer. En otro lado en una mesa un hombre alto y de rostro áspero terminaba su comida, un minuto luego de comenzar yo a comer dicho hombre pasa por mi lado y sin decir ninguna palabra pone al lado de mi plato la mitad de un delicioso aguacate; inmediato recordé que mientras entraba al comedor pensé por un segundo lo bueno en que sería comer con aguacate.
Dios no pasó por alto mi pequeño deseo y me concedió ese detalle culinario ( en la foto lo que quedó del aguacate). Esto me hizo pensar en el gran y buen Dios que tenemos que hasta los detalles más pequeños y que parecen insignificantes él nos lo concede.
Tenemos un Dios que hace proezas asombrosas, pero a la vez no pasa por alto las cosas pequeñas que deseamos y nos la concede.
Tenemos un Dios que hace proezas asombrosas, pero a la vez no pasa por alto las cosas pequeñas que deseamos y nos la concede.
¡Gloría sean para él Dios de los detalles!
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